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Huelgas de hambre en la carcel

Marcelino Camacho hizo ocho huelgas de hambre. La mayoría de las veces eran formas de protesta por las malas condiciones de los presos políticos. Ya fuera por la escasez de comida, por los sistemas de comunicación con la familia o por la lucha por un Estatuto del Preso Político.

Los presos políticos llegaron a conseguir cierta capacidad de movimiento y actividades dentro de la cárcel que no eran permitida a los presos por delitos comunes. Cuando estas huelgas eran de carácter colectivo, se informaba a la dirección de la decisión de dejar de tomar alimentos y se explicitaba el motivo de esa protesta. La dirección de forma inmediata llevaba a los presos a una celda de aislamiento en la que no le permitía disponer de ninguna de sus pertenencias. En esos casos de trato más duro no se le dejaba ni siquiera mantas ni colchón.

Los presos trataban de eludir el asilamiento hablando por las ventanas con sus compañeros o bien vaciando el sifón del water que habitualmente estaba en la misma celda. De ese modo a través de los desagües la voy podían oírse en las bajantes de otras celdas cuando como en el aso de Carabanchel las galerías llegaban a tener hasta cuatro pisos.

Los funcionarios ofrecían la comida todos los días que retiraban. El médico o ATS hacía una visita diaria para comprobar el estado del preso. Si las condiciones empeoraban les trasladaban a la enfermería, e incluso podían obligar a alimentación intravenosa en los casos más graves.

Los presos perdían el derecho a las comunicaciones con la familia y se autorizaban escasas visitas de abogados si tenían causas pendientes. En las huelgas de hambre se pierde un kilo de peso cada día y es necesario beber agua a pequeños sorbos para no dañar el estomago. De ese modo se han llegado a prolongas mas de 45 días. El organismo llega a devorar sus propios músculos en un desesperado intento de supervivencia.

La huelga mas larga de Marcelino duro nueve días. Las hizo contra las penas de muerte que Franco dictó y contra los fusilamientos. En el caso de las comunicación la protesta se inició cuando la dirección de la cárcel reformo la sala de comunicaciones. Se trataba de un espacio de unos 40 metros de largo por 15 de ancho. Los presos salían por unos corredores laterales y las familias estaban en la parte central, siempre separados por barrotes. En origen había entre preso y familia había un corredor con barrotes a ambos lados, desde el suelo al techo. y por el centro se paseaba un funcionario. Después se suprimió el pasillo y había solo unos barrotes con sillas a cada lado y unas rejillas metálicas finas que casi impedían poderse ver.

Los presos podían hablar libremente y el ruido de las conversaciones era ensordecedor. Después la dirección «modernizó» aquella sala y dispuso que en los barrotes hubiera unos plásticos con agujeros para el paso del sonido. Pero hicieron un centro de control en donde mediante micrófonos instalados en cada lugar de presos y familia, grababa todas las conversaciones. Los presos políticos de la cárcel de Carabanchel se negaron a aquellos controles e iniciaron una huelga de comunicaciones que duro mas de seis meses en dic 1968 hasta junio de 1969.

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