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CONSUMISMO, ENAJENACIÓN Y PERSPECTIVA DEL SINDICALISMO EN NUESTROS DÍAS

           

Siempre es delicado tocar un tema difícil, pero lo es mucho más el tema de ser leído y juzgado por Universitarios, fundamentalmente.

            Un tema, en el que además se necesitaría profundizar; tanto en el análisis de principios, como en el de la sociedad o medio en que existimos.

            Renunciando a esta ponetración, voy a efectuar -no obstante- algunas incursiones en esa “jungla de lo poco conocido».

            Bien entendido, que si deseo que ese ciclo Autor, -Consejo de redacción, -Servicios especializados ministerio Información, -Lector, se desarrolle sin trabas; anhelo sobre todo, que la última fase –la del lector a través de su critica- sea la que me ayude en ese salto a lo desconocido que emprendo.

            Un trabajador con decenas de años de «dependencia salarial”,  que no olvida a los suyos, que tiene un cierto grado de conciencia y que se ve inmerso en acciones destinadas a elevar su capacidad de consumo (su nivel de vida), en general no pierde la perpectiva.

            El hombre-autómata que vive, no elimina al HOMBRE -sin adjetivos- que añora.

            Yo creo que el fin de todo trabajador progresivo debe ser no solo, el llegar a comprender al HOMBRE de plenitud de atributos morales y materiales; sino además, de cara a ese objetivo, contribuir con su participación a esa transformación.

            No debo olvidar que la emancipación del HOMBRE, su liberación de las ataduras del determinismo económico, la restitución a su totalidad humana, el respeto a su diversidad que le armonice en humanística armonía, no será nunca un producto espontaneo, ni  acabado. Se encontrará en su caminar  con intereses contradictorios y a veces antagónicos. El determinismo histórico (que nada tiene que ver con la existencia de leyes objetivas, sobre el desarrollo de la historia) es tan pernicioso para él, como el económico.

            EL CONSUMISMO Y SUS PELIGROS 

            Multitud de artículos en revistas y prensa, cantidades de libros sobre milagros económicos o capitalismo popular, etc., nos martillean constantemente sobre la pretendida abundancia; sobre la civilización del consumismo». Con ello  se trata de alejar al trabajador, de esa toma de conciencia que le descubra la triste condición que como HOMBRE tiene.

            En la época de las ventas a plazos, de los televisores «sin entrada ni fiador»; Cuando  ciertos ídolos-multitud, un día en el futbol otro en la tauromaquia son utilizados como somníferos de la conciencia ciudadana, hay algo que nos dice que asistimos a una doble alienación; en el trabajo y en el ocio,

            “El trabajador que enajenado, porque ha dejado de ser parte de la naturaleza del trabajador y en consecuencia no se realiza en su trabajo, sino que se niega, experimenta una sensación de malestar, más que de bienestar.-

            No desarrolla libremente sus energías mentales o físicas, sino que se encuentra físicamente exhausto y mentalmente abátido. El trabajador solo se siente a sus anchas, pues, en sus horas de ocio.» (Erich Fromm) (1)

            Pues bien, a este trabajador a su alienación en tanto que productor, durante su ocio  también y por diferentes medios, se le obliga a negarse a sí mismo; imponiéndosele (como en el caso de ciertas películas americanas de la televisión)  hasta la risa a destiempo.

            Lejos de mí el considerar que las mejoras conseguidas por el progreso de nuestra civilización, tienen todas ese carácter negativo. Pero será conveniente no olvidar los riesgos de esa publicidad escandalosa.

            Hay que ver claramente que la alienación del hombre en tanto que productor, se suma la alienación como consumidor y que la “economía de mercado” no  consagra al consumidor como Rey.

            La determinación  explícita de crear nuevas necesidades para asegurar mercados (científicamente extendidos en función de inclinaciones oscuras de la persona muchas veces) demuestra claramente que el consumidor es un medio y no un fin.

            Estar contra el determinismo que crea la publicidad en estos casos. Escandalizarse de los enormes presupuestos publicitarios es insuficiente. El mal está en el sistema. El consumismo en sí, como fin,  no debe ser la aspiración máxima del género humano.

            Lo anteriormente expuesto no significa por temor a la alienación, pensemos como ideal en el artesano o en el hombre de Cromagnom.

            La civilización moderna, el desarrollo de su ciencia y su cultura, su seguridad social, sus televisores a plazos, sus vacaciones y turismo popular, significan  importantes pasos hacia delante;  son parte de ese procesus de la sociedad que va de lo inferior a lo superior.

            EL PROCESO DE DESENAJENACIÓN

            André Gortz en su libro “Historia y enajenación”  (1) dice: “Construir una industria siderúrgica es una aventura para quienes la conciben, para quienes la financian, para los que aprenden un oficio nuevo y una calificación en su trabajo. Pero una vez construida, la industria impone a los hombres sus exigencias y los moldea a su medida. No se trata ya de concebir, ni de emprender, sino de organizar, administrar, mantener lo adquirido; no se trata ya de conformar al mundo según los fines humanos sino de adaptar y subordinar los hombres a las exigencias de construcciones inertes,

            En el interesante artículo de Pepe Comas en el nº 19 de “Cuadernos para el Dialogo” sobre un anuncio de ABC, en el que una empresa pide Universitarios, con la indicación de… “no nos interesan hombres con mentalidad”  se enfoca mejor el problema.

            La industria moderna con sus servomecanismos y aceleradas cadencia, al aumentar los bienes por una mayor productividad, debe permitir disponer de más tiempo y recursos para la elevación del Hombre con MENTALIDAD.  La industria construcción inerte, justamente utilizada, debe “crear vida humana”, no deshumanizar al hombre.

            ¿Por qué pues esa realidad que cita Gortz? ¿Qué refleja su ejemplo?

            Ante todo, lo que aparece con verdadera nitidez es, que más que nunca nuestros días, el HOMBRE ha entrado en franca contradicción, con las relaciones de producción modernas y que sin importales cambios en estas no se encontrará a si mismo en nuestra sociedad.

            Es por eso que sería un fariseísmo imperdonable, no ver que la primera medida para que el hombre haga su propia historia, determinando él las circunstancias en las que debe hacerla, es la de restituirle su independencia frente a la “mercancía”, que en nuestros días se ve coronada por el sistema oligopolístico.

            En nuestra época ese “determinismo económico» del que es víctima, sobre todo, el hombre del trabajo, no entrará en la vía de su eliminación hasta que los princ1pales medios de producción están en manos de la Sociedad.

            Pasar del sistema de Oligopolios, a un sistema en el que las principales riquezas estén al servicio y en manos del País, sobre la base de la más amplia autogestión, compatible con la planificación, con un hombre libre y armoniosamente desarrollado, cuyo nivel técnico-cultural medio sea el del ingeniero, son objetivos a alcanzar para desarrollar al HOMBRE, Esto a través de un proceso político-económico-cultural más o menos prolongado.

            EL SINDICALISMO EN ESTE PROCESO

            En concordancia con este procesus, al trabajador consciente, todo en reconociendo la necesidad de la aportación de otras capas sociales, considera que su participación debe orientarse hacia “necesidad” de un Sindicalismo independiente al servicio del mundo del trabajo, elemento imprescindible, en un País en vías de desarrollo, de fuerte concentración monopolística.

            La independencia y la autenticidad sindical, Sson las condiciones previas para una actuación sustancial del hombre del trabajo, en las condiciones concretas de la organización socio-económica de nuestra sociedad.

            El capitalismo industrial avanzado, tiene tendencia a predeterminar en función de un cierto programa de inversiones y de una política de ventas, no solo en la organización del trabajo, los tiempos de producción y las cadencias, sino además el nivel de los salarios de la Empresa y en muchos casos al escalón nacional.

            La acción sindical no puede en consecuencia conservar su autonomía real, más que si ella coincide con la capacidad creciente del Sindicalismo para hacer gravitar el peo de su acción reivindicativa, no solo sobre los efectos de la gestión sobre la condición obrera y sobre los resultados económicos de esta gestión, sino sobre ESAS DECISIONES MISMAS EN EL MOMENTO EN EL QUE ELLAS SE DE DETERMINAN.

            Es en ese momento crucial, en el que el Sindicato puede esperar conquistar, no solamente una retribución obrera correspondiente a las modificaciones previsibles de las condiciones de trabajo, sino también a una negociación de esas condiciones mismas, en función de los intereses obreros (de su nivel de empleo, de su necesidad de reposo, de su salud, de sus intereses profesionales, etc.).

            El sindicato debe volver a encontrar su plena autonomía de acción en primer por la negociación de una parte de salario, no en relación con LOS RESULTADOS O RELACIONES QUE PRECEDEN Y DETERMINAR LA GESTIÓN MISMA.

            Lo que es importante subrayar en este aspecto, SON LOS LAZOS QUE UNA POLÍTICA DE SALARIOS DE ESTA NATURALEZA, TIENDE A ESTABLECER ENTRE LA ACCIÓN REIVINDICATlVA Y LA ACCIÓN PARA AFIRMAR CIERTAS FORMAS DE CONTROL OBRERO SOBRE LA GESTIÓN DE LAS EMPRESAS. En los desarrollos posibles de esta política de  salarios, se puede ver en efecto, una tendencia del sindicato -en tanto que fuerza autónoma- a la predeterminación y reparto de la renta de la Empresa; por el condicionamiento de la política de inversiones y de sus repercusiones sociales.

            Ya no existe la alternativa entre un Sindicalismo puro, que limita su acción a la defensa de intereses económicos y profesionales de trabajadores y un sindicalismo que se oriente de una manera más o menos voluntaria hacia los problemas de gestión. Se trata  sobre todo de una alternativa entre un Sindicalismo que se integre en un sistema dado de gestión y que acepta como medida de su  acción reivindicativa, NO LOS PROBLEMAS REALES DE LA CLASE OBRERA, sino las posibilidades ofrecidas por una política de gestión determina, al estilo inglés,  por un lado; y por otro, un SINDICALISMO QUE POR SER REALMENTE AUTÓNOMO, TOMA COCIENCIA DE SU PODER DE NEGOCIACIÓN Y CONCENTRA  SUS RECURSOS (si quiere subsistir) SOBRE LA ZONA DE DECISIÓN, PODER Y AUTONOMÍA DE LA GESTIÓN CAPITALISTA.    

            Terminada la incursión y hasta la excursión (al sindicalismo moderno), regreso al punto de partida, pensando en ese momento en el que el obrero no sea para un proceso de producción, sino este para el obrero; en medio de una abundancia de bienes, con una cultura y una técnica avanzadas.

            HACIA ESA ARMONIA SINFONICA-HUMANISTA DEL HOMBRE N0 ALIENADO.

Madrid, 21 de Junio de 1965. publicado en Cuadernos Para el Dialogo, marzo 1966

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