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Madrid en guerra

«Cuando llegamos a Madrid, en agosto de 1936, nos encontramos una ciudad en pleno esfuerzo de lucha por su libertad. Se había aplastado la sublevación en el Cuartel de la Montaña, en Campamento y otros lugares, y los sectores más combativos, los jóvenes, los obreros y los estudiantes, los principales defensores de la democracia, se encontraban en los frentes, en la sierra y en las proximidades de Extremadura, más allá de Talavera, especialmente en el cerco del Alcázar de Toledo y también en la provincia de Guadalajara.» «Confieso que he luchado», memorias de Marcelino Camacho.


«Nada más llegar nos dirigimos a casa de mis primos, Saturnino y Felisa, que vivían en la calle Amparo, en el barrio de Lavapiés. Al día siguiente fuimos a la estación de Atocha para presentarnos como ferroviarios e incorporarnos a las tareas que fueran necesarias, y allí encontré a algunos compañeros, entre ellos a Ramón Laguna Toribio. En la estación del Norte localicé también a González Moros, el que había sido grumete y responsable de la organización en Castilla La Vieja. A los dos planteé mi intención de incorporarme voluntario a las milicias populares y los dos me aconsejaron que fuera a la Escuela de Transmisiones del Ejército que estaba en la calle Amaniel. Mi primera idea fue ir a las milicias ferroviarias, a los trenes blindados, pero al final me incliné por la radiotelegrafía en transmisiones porque ya tenía conocimientos del telégrafo y además no había muchos milicianos que tuvieran esa formación. También vi a los camaradas del comité Provincial del Partido en Madrid, entonces encabezado por Francisco Antón. Ellos compartieron el mismo criterio, y así tomé la decisión de ingresar voluntario en las Milicias Republicanas sólo a los pocos días de llegar a Madrid. Recuerdo que, por ser menor de edad, tuve que pedir la autorización de mi padre que lloraba porque me iba a combatir en la guerra cuando apenas tenía dieciocho años. Habían pasado sólo unas semanas cuando pidieron voluntarios para ir al frente de Toledo y yo me ofrecí, ya que mis conocimientos del telégrafo facilitaron el aprendizaje en el curso de radiotelegrafía que había seguido en esas semanas.«

«Nos enviaron al frente que estaba en el kilómetro siete de la carretera de Toledo a Avila. El primer día que fuimos a la intendencia del Ejército en Toledo para recoger suministros tuvimos que ir por la que se llamaba la calle Ancha, pero aquello era tan estrecho que tardamos un buen rato para que los camiones pudieran pasar. Por muchas de esas ciudades pasé por primera vez en tiempos de guerra o cuando, años más tarde, me conducían preso de un campo de concentración a otro. En aquel frente estuve dos o tres semanas hasta que Toledo cayó en manos de los franquistas en los últimos días de septiembre de 1936. Regresamos a Madrid dando la vuelta por Mora de Toledo y Aranjuez y el 6 de noviembre me destinaron al frente que se había establecido en la capital de España, en la zona de Mataderos del barrio de Carabanchel Bajo…»

El golpe de la Junta de Casado

«Cansancio en unos, dudas y vacilaciones en otros, crearon unas circunstancias que influyeron en el Presidente Negrín. A su regreso de Francia a Elda (Alicante), reflejó cierta desmoralización, más aún cuando los franquistas habían rechazado la propuesta de Unión Nacional, Paz y Libertad. Aquel conjunto de circunstancias dieron alas a los partidarios de la «capitulación sin condiciones»; empezaron por la ruptura del Frente Popular y luego aislaron, cuando no reprimieron, a los que considerábamos que nuestra guerra era parte de la Segunda Guerra Mundial por la libertad, y que la entrega sin condiciones prolongaría nuestros sufrimientos y privaciones en vez de acortarlos.»

«Los historiadores han recogido como dentro de la CNT-FAI se preparó el golpe de estado de la Junta de Casado. Del 20 al 23 de febrero los anarcosindicalistas se reunieron en Valencia sin la presencia del Comité Nacional de la CNT ni del Peninsular de la FAI, que aun estaban en Francia y esto permitió a las tendencias partidarias de la capitulación preparar el golpe militar.» « …estos mismos núcleos propondrían al coronel Casado la necesidad de crear un Consejo Nacional de Defensa frente al gobierno Negrín. El presidente, conocedor de que algo se tramaba, convocó a la posición Yuste que era el punto donde se reunía el gobierno, al coronel Casado, que no acudió. La Junta de Casado quedó constituida el 5 de marzo y el seis se dirigió por radio a la zona republicana, proponiendo una «Paz Honrosa» y diciendo: «Proclamamos que ni desertamos ni toleramos la deserción… prometemos que nadie abandonará España hasta que puedan salir de ella cuantos lo deseen.» Unos días después la realidad desmintió las palabras y la «paz honrosa» se convirtió en una capitulación sin condiciones. Mientras la Junta escapaba al exterior, con la excepción de Besteiro que murió enfermo en la cárcel de Dos Hermanas, la gran mayoría no pudimos salir de España. Se facilitó así una represión implacable.»

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