“Toda persona, natural o jurídica, tiene derecho a rectificar la información difundida, por cualquier medio de comunicación social, de hechos que le aludan, que considere inexactos y cuya divulgación pueda causarle perjuicio.” (LO. 2/1984, 26 marzo, reguladora del derecho de rectificación)

La lucha por asegurar este derecho regulado en nuestras leyes se ha abandonado con la aparición de las redes. Es habitual que el avance tecnológico en manos del capitalismo salvaje tenga como consecuencia la perdida de derechos, incluidos los constitucionales. Ellos son dueños de las nuevas tecnologías e imponen sus condiciones de uso con el objetivo de asegurarse mayores beneficios económicos. El sistema político que les asegure esa condición será el que apoyen, incluidas las dictaduras de cualquier signo.
Los medios de comunicación en manos privadas solo tienen la guía editorial que les marcan sus accionistas mayoritarios. Sus limitaciones mas allá de la autorregulación siempre a su gusto, solo se definen en las leyes.
Las redes pertenecen a una casta ahora denominada… digital. Es el nuevo poder en el mundo que quiere imponerse a las democracias. Son las nuevas dictaduras, la nueva cara del fascismo. Ya no es necesario esconderse tienen el control mediante sus plataformas, la Inteligencia Artificial, que ahora ya puede manejar hasta los estados emocionales de las personas. Nueva fase del algoritmo que aun no se percibe en toda su dimensión pero que anuncia un mundo muy oscuro.
La dominación se da ya sobre la base de las emociones de los seres humanos que son decisivas a la hora de determinar los comportamientos. Por la vía de analizar los datos de los comportamientos, que cada día les regalamos, llegan a conocer las emociones de cada individuo, después analizando esos datos dirigen los mensajes apropiados para conducir los comportamientos. La identificación facial ya se instala en las cámaras de vigilancia del Ayuntamiento de Madrid. ¿A nadie le preocupa?
Nos preguntamos ¿porqué los jóvenes se inclinan tanto por las dictaduras y rechazan la democracia? La explicación está en las redes. Los algoritmos reconducen los mensajes, las emociones. Lo falso se hace verdadero, la violencia gestual es el arma, se opta por la fuerza frente al acuerdo, el dictador es necesario, el demócrata es débil. Estos parámetros y otros muchos, están presentes y los algoritmos establecen las prioridades para la dominacion de los nuevos dictadores.
Los mensajes circulan sin control y en el anonimato. De este modo eluden las leyes. Estas grandes plataformas escapan al control deslocalizándose, buscando intermediarios o empresas esclavas. Las leyes no pueden ser universales y su poder escapa de los países y sus gobernantes.
Los países si tienen a sus consumidores y ahí hay un espacio para controlar las nuevas armas de los nuevos dictadores. Todos los medios de comunicación han tenido normas y leyes para asegurar el comportamiento colectivo, es decir, el derecho, de unos y otros, y el de todos.
La identificación de las personas actoras de la comunicación ha sido el primer paso. Ya sea el registro de empresas, ya sea DNI o tarjeta de Seguridad social o Permiso de Conducir para personas fisicas. En las redes no hay identificación obligatoria de los usuarios. Sobre ese anonimato crearon su poder los nuevos dictadores.
Es necesario que la administración configure una Identidad Personal para Redes. Al llegar a una determinada edad se debiera obtener este documento de por vida vinculado a numero DNI o Pasaporte.
Esta clave personal e intransferible, debiera ser obligatoria para acceder a cualquier servicio digital que no conlleve de antemano datos de DNI. El acceso desde esta identificación numérica, a los datos personales solo debieran ser posibles mediante un control público.
Tras cada seudónimo debe haber una identificación que impida la impunidad de malhechores mediáticos que son no solo los estafadores económicos sino también los generadores de bulos, imágenes falsas, etc. Las acciones judiciales para llegar a la identificación del delincuente padecen un enorme calvario y se pierden en la maraña de países paraísos de la desregulación. Es necesario una huella clara de la identidad.
El anonimato anula en la práctica el derecho a la rectificación de informaciones del resto de los ciudadanos. Del mismo modo que la Guardia Civil de Tráfico garantiza la ordenación de la circulación, es necesario garantizar la ordenación del trafico por redes. Así todos podremos ver la cara de estafadores, creadores de bulos… que ahora se pasean impunemente en las redes digitales. Del mismo modo toda creación de IA debiera llevar su mancha de agua, su huella de identidad digital. Tenemos derecho a poder distinguir lo auténtico de lo falso.