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Biografía Marcelino Camacho

Esta biografía fue la que él mismo entregaba a periodistas y que fue ampliando. En archivo está la manuscrita, aquí la pasada a máquina. Como esta biografía la utilizó tambien bajo el franquismo, hay algunas omisiones como la del Tren Fantasma que se puede conocer en este misma web. Fue Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valencia, por la de Cadiz y Profesor Honorario por la Compluense de Madrid.

 «ALGUNOS ELEMENTOS DE LA BIOGRAFÍA DE MARCELINO CAMACHO«

(La primera parte se hizo en 1970 y la segunda después en 1976. Posteriormente él mismo fue agregando otras partes)

«Marcelino Camacho Abad, de profesión fresador, casado y con dos hijos, domi­ciliado en la calle Manuel Lamela, 25, de Madrid. Nace el 21 de enero de 1918 en Osma la Rasa (Soria) en una familia de ferroviarios; su padre guarda-agujas y su madre guarda-barrera (ésta muere cuando él tenía 9 años), en la estación del ci­tado pueblo de la linea Valladolid-Ariza, de la entonces compañía de Madrid-Zara­goza-Alicante y ahora RENFE.

Cursa estudios primarios con el sacerdote D. Feliciano Oliva Bocos, entonces maestro en el pueblo, quien desea ingrese en el seminario de Burgo de Osma; le presta como un honor especial su banda con la que cantó misa para hacer la prime­ra comunión. Como todos los que entonces eran alumnos, es monaguillo mientras va a la escuela. Su padre, que es respetuoso para la religión, viejo militante de la UGT (Sindicato Nacional Ferroviario) y el propio interesado, deciden responder amistosa pero negativamente al deseo del sacerdote.

Terminada la enseñanza primaria, hace el aprendizaje para ingresar en los fe­rrocarriles, como su padre y como su abuelo. En esta situación le sorprende el 18 de julio de 1936.

Único hijo varón de una familia de cuatro hermanos, todos de la primera espo­sa de su padre, a los 9 años ve morir a su madre y a su hermana Nati seguidamente. Después, estando en la Prisión de Comendadoras de Madrid, encarcelado, en 1941, conocería la muerte de su hermana mayor Josefa, y posteriormente, en 1969, el fa­llecimiento de su padre le sorprendería nuevamente preso en la cárcel de Caraban­chel.

En enero de 1935 ingresa en el Sindicato de Oficios Varios (UGT) de Osma La Rasa, que en unión de otros reorganizó. Militó en UGT hasta mediados de la década de 1950.

Al comenzar nuestra guerra civil, tuvo que huir al monte en unión de su padre y otros ferroviarios, para salvar su vida. Un mes más tarde aproximadamente, pasa­ría de estos lugares -y a zona «nacional»- a la zona republicana. Llegado a Madrid en agosto de 1936, ingresa voluntario en la Escuela Central de Transmisiones del Ejército; como había aprendido el manejo del telégrafo de niño en la estación de ferrocarril, estuvo escasas semanas haciendo un curso de radiotelegrafista, prac­ticando en la citada escuela, sita entonces en la calle de Amaniel. De allí parti­ría voluntario para el frente republicano, en septiembre de 1936, del que no re­gresaría hasta terminar la guerra a finales de marzo de 1939. Denunciado por uno que conocía su evasión en el 36 a la zona republicana, fue detenido y llevado a la calle Fomento, ahora Jefatura Superior de Policía.

Trasladado a la prisión provisional de Comendadoras (antiguo Convento del mismo nombre sito en la Plaza de las Comendadoras de Madrid), fue juzgado en jui­cio sumarísimo de urgencia y condenado a 12 años y un día que, revisado inmediata­mente después, pasó a ser una condena en firme de seis años y un día. El delito era «auxilio a la rebelión» y los motivos, ser miembro de la UGT y voluntario en el Ejército Republicano, en Transmisiones.

Los escasos meses que estuvo en libertad, trabajó con un asentador de pesca­do (antes de ser denunciado lo había hecho con otros asentadores en el Mercado Central en Madrid) del Mercado Central, Sr. Lara. Estando movilizado su reemplazo, el de 1939, la Caja de Reclutas de Madrid le mandó a la de Soria, y de ésta, bajo escolta, le trasladaron al Campo de Concentración de Reus (Tarragona) que estaba en un antiguo cuartel de Caballería, donde se formaban los Batallones Disciplinarios de Penados para los Campos de Trabajo. Pocos días después era trasladado desde Reus a Lezo (Rentería, Guipúzcoa), destinado al 94 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados. Alli estaban haciendo la pista que une el Fuerte de Guadalupe con Lezo. Enfermó y tuvo que ser trasladado al Hospital Militar Disciplinario de Zumaya, hacia 1942; sufrió una grave, infección intestinal que le tuvo con fiebres muy altas y durante 42 días en cama.

Vuelto al Campo de Trabajo, fue trasladado y conducido al 93 Batallón Dis­ciplinario de Trabajadores Penados que estaba en Peñaranda de Bracamonte (Sala­manca) y que como todos los Batallones de Trabajadores, dependía de la Inspec­ción de Campos de Concentración. Allí estuvo reconstruyendo la parte del pueblo que había destruido un polvorín que estalló al final de la guerra. Picando en las calles que estaban haciendo, se le produjo una hernia inguinal derecha.

Tras­ladado el 93 Batallón de Penados a Toledo, para construir unas nuevas instala­ciones militares junto al Castillo de San Servando, frente al Alcázar, desde allí fue llevado a Madrid y operado en el Hospital de Maudes de la hernia. Rein­corporado al Campo de Trabajo días más tarde, cae gravemente enfermo, esta vez con las fiebres malta y, trasladado al Hospital Militar de Carabanchel (Sala de los Campos de Concentración), estuvo entre la vida y la muerte con temperatu­ras de 39 y 40 grados, cuarenta y siete días.

Es durante su estancia en este Hospital de Madrid, cuando después de producirse el desembarco aliado, en África del Nor­te, el 93 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados es trasladado urgente­mente a la zona de Tánger (entonces Marruecos español) llamada Cuesta Colorada.

Allí es conducido, bajo escolta siempre, cuando se repone de las fiebres malta. Va a fortificar con sus compañeros la citada zona, en la parte que domina la carretera y el ferrocarril de Tánger a Fez, donde se teme un avance aliado. Llegado al Campo de Concentración de Cuesta Colorada pocos meses más tarde cae enfermo otra vez, ahora con las fiebres palúdicas, por lo que es enviado al Hos­pital Militar de Larache (Barracón para los enfermos de los Campos de Concentra­ción).

En diciembre de 1943, se evade del Campo de Trabajo de Cuesta Colorada en busca de su libertad y pasa primero al entonces Marruecos francés, desde donde casi inmediatamente es enviado a Orán (Argelia); allí, las entonces autoridades francesas y aliadas le dan asilo político. Pocos días después, enero de 1944, empieza a trabajar como fresador en Talleres Arvidel, que trabajan para la mari­na de guerra aliada y están militarizados. En esta empresa pasa varios años. Más tarde, siempre como fresador mecánico, va a trabajar en la CECIA (Compagnie de Entreprise Construction Industriels Africaines), fábrica de máquinas y herra­mientas, cerrada más tarde. A continuación ingresa como fresador en los Talleres de las Verreries de L’Afrique du Nort, donde permanece varios años más, hasta que después, en Talleres Amorós, termina trabajando como fresador y tornero. Desde allí regresa a España, en 1957.

De todo ello posee certificados, algunos de los cuales dicen «es un profe­sional muy cualificado, que ha dado entera satisfacción por sus cualidades, con­ducta y asiduidad al trabajo.»

Es de resaltar que tanto en Argelia como más tarde en España, hace cursos de formación tecnológica; de alguno posee diploma.

En Orán se reproduce dos veces la hernia y es operado en 1948 y 1950 en las clínicas Desage y Couniot, por cuenta de la Seguridad Social. Allí conoce a una familia de españoles que emigraron de Almería (Fondón) en 1932, mineros que van huyendo de la silicosis y de la miseria, y de esta familia, después con naciona­lidad francesa, saldría la que será su esposa y compañera Josefa Samper Rosas. Contraen matrimonio el 22 de diciembre de 1948 en Orán, donde nace su hija Yenia, el 9 de octubre de 1949, y su hijo Marcel, el 26 de mayo de 1952. Por haber naci­do en lo que entonces era un departamento francés y ahora la Nación argelina, podrían haber elegido cualquiera de las tres nacionalidades: francesa, argelina o española. Sin embargo fueron y son españoles.

Hechas las gestiones oportunas en el Consulado de España en Orán, le infor­man que su evasión ha sido indultada y que puede regresar a España, para lo que tanto a él como a su esposa e hijos les dan el pasaporte correspondiente, y le­galmente regresa a su patria por el puerto de Alicante, en el barco Sidi Bel Abbes, el día 18 de julio de 1957.

Decide quedarse con su familia en Madrid; le hacen una prueba y empieza a trabajar como oficial de primera fresador el 23 de septiembre de 1957 en Perkins Hispania de Madrid, ahora Motor Ibérica, S.A., donde alcanzó la categoría de ayu­dante de ingeniero, categoría que ostentaba en el momento de su detención el 12 de marzo de 1967.

La empresa tiene entonces una veintena escasa de obreros en talleres. Por casi unanimidad es elegido entre los primeros enlaces sindicales a finales de 1957, y después reelegido constantemente vocal del primero y sucesivos jurados de empresa; Destituido por el sindicato oficial en 1966 por haber sido procesado por el Juzgado de Orden Público. Detenido el 28 de junio de 1966 cuando con Maeztu, Hernando y Víctor Martínez Conde iban a entregar al Ministerio de Trabajo pliegos con las reivindicaciones de los trabajadores madrileños y treinta mil firmas de éstos, es encarcelado en la Prisión de Carabanchel y procesado por el Sumario 178/66, Juzgado de Orden Público; fue puesto en libertad provisional trece días más tarde, y se le acusaba de asociación y manifestación ilícitas, todo de Comi­siones Obreras.

Los trabajadores de Perkins le vuelven a presentar a las elecciones sindica­les del verano-otoño de 1966; la votación y el escrutinio los presencia un nota­rio del colegio de Madrid que levanta acta notarial y constata que las elecciones se han celebrado sin incidentes ni fraudes y que Marcelino Camacho Abad ha sido votado por un 88% de su grupo profesional y por más del 92 % aproximadamente del total de los mil doscientos trabajadores que entonces comprende la plantilla. A pesar de esta prueba unánime de confianza, el Sindicato Vertical Oficial invalida su elección. También por aquellas fechas le eligen por amplia mayoría presidente del grupo de empresa de Educación y Descanso. El nuevo jurado de empresa le nom­bra su asesor y en la reunión de constitución del nuevo jurado, este acuerda transmitir por unanimidad a Marcelino Camacho su «saludo y agradecimiento por la eficaz labor desarrollada en defensa de los intereses de los trabajadores y la forma equilibrada de resolver las tensiones y conflictos, presentándolo como ejemplo a todos»; de esto le entregaron acta, cuyo original se conserva en el libro de actas del jurado.

Esto sucedió a pesar de las tensiones naturales, una de las cuales fue pre­senciada por el entonces Presidente del Consejo de Administración Don Joaquín Ruiz-Giménez Cortés. En los talleres se llevaban varias semanas de rendimiento mínimo y en huelga de horas extraordinarias al comienzo de los años 60. Los tra­bajadores exigían aumento de la prima y decían que la producción había aumentado. El gerente, entonces Don Jaime Suárez, se oponía a tal aumento de prima y publicó una nota amenazando entregar a la policía a algunos trabajadores. Entonces se convocó una reunión extraordinaria del jurado de empresa que presidió el Sr. Joaquín Ruiz-Giménez. El Sr. Suárez comenzó amenazando apenas veladamente con detener a Marce­lino Camacho mientras rechazaba los argumentos de éste que intervino en represen­tación de todos los trabajadores y del jurado. Fue entonces cuando Don Joaquín Ruiz-Giménez indicó que si era verdad lo que decían los trabajadores a través de Camacho de que había aumentado la producción y la productividad, había que acce­der a sus peticiones; que él en su cátedra defendía la justicia social y no po­día decir una cosa allí y hacer otra cosa aquí. Días después se llegaba a un acuerdo aumentando la prima; pocos meses más tarde el Sr. Ruiz Giménez tuvo que abandonar la presidencia y consejo de administración de Perkins.

Nuevamente es detenido el 28 de enero de 1967. Se le acusa de ser organiza­dor de Comisiones Obreras y con ellas uno de los responsables de las multitudi­narias manifestaciones obreras del metal, el día anterior. Más de setenta mil metalúrgicos en huelga consiguen la libertad de los detenidos y entre ellos la de él, seis días más tarde sin proceso ni fianza por el Juez Sr. Garralda.

Entre 1965 y 1967, es convocado por y ante la policía político-social de Madrid, más de una docena de veces, siempre para prestar declaración sobre cues­tiones laboral-sindicales. También recibe anónimos con amenazas de muerte en es­te período.

En 1964 es elegido miembro de la Comisión Obrera Provincial del Metal (primera Comisión Obrera de Madrid, que con carácter permanente empezaría a fun­cionar bajo el nombre de Comisión Provincial de Enlaces y Jurados); esto se hace ante la presencia del Vicesecretario de Ordenación Social Provincial, del Presi­dente del Sindicato Provincial del Metal, Sr. Zahonero y del Presidente de la Sección Social Sr. Bañales, que presidía. Estaban reunidos más de 600 enlaces y jurados en el salón de juntas y en los pasillos, además de varios millares de metalúrgicos abajo en la Avenida de José Antonio (ahora Gran Vía). Primero se les deja un local para reunirse todos los miércoles; después se les provoca y echa. El Círculo Manuel Matéu (Falangista de los llamados de izquierda) los invita a ir a sus lo­cales. Allí conoce a su Vicepresidente Diego Márquez; allí firma el manifiesto de los «cien» titulado «Ante el futuro del sindicalismo»; allí crecen y se ex­tienden las Comisiones Obreras hasta que nuevas provocaciones les echan del lo­cal. Con Diego Márquez, Presidente del Círculo Doctrinal José Antonio, además de Vicepresidente del Círculo Manuel Mateo hasta entonces, van y se reúnen en los locales de este Círculo hasta que nuevas presiones gubernamentales y poli­ciales lo impiden. Así irán recorriendo iglesias y locales sindicales, siempre perseguidos.

Mientras, el entonces ministro y delegado nacional de Sindicatos, Sr. Solís, prepara y convoca (a través del Sr. Álvarez Molina, Procurador en Cortes y miembro del Congreso Sindical) en el local del Comité de Defensa de la Civiliza­ción Cristiana que él preside, una reunión con la comisión obrera del metal, a la cual asiste Marcelino Camacho y tres compañeros más. Es en 1966 cuando le recibe el Sr. Romero Gorría -junto con otros compañeros-, entonces Ministro de Trabajo. También Emilio Romero les recibe a él y a otros, e incluso asiste des­pués a una reunión de las Comisiones Obreras en el Centro Social Manuel Mateu. Otras muchas personalidades de la Iglesia, de los sectores profesionales y libe­rales les reciben a él y a otros compañeros en distintas ocasiones. Hermandades del Trabajo le invitan a dar conferencias y asistir a un cursillo de acción la­boral en 1965-66.

Cierto que todas estas entrevistas con toda clase de personalidades, se han desarrollado con plena independencia y sin compromiso algunos por parte de nadie. Tampoco faltan en este período y después incluso en «SP» diario, artículos y comentarios en los que se señala entre otros a Camacho como un hombre no re­sentido y un claro defensor de la justicia social y de la libertad.

Este es un período en el que CC.OO., combinando lucha legal y extralegal, aún no están identificadas como forma independiente de organización de la clase obrera. Aparecen como una oposición arraigada profundamente y tratan de inte­grarla.

Por fin, después de todo lo anterior, se iba a producir el encarcelamiento que salvo 105 días de libertad, dura ya seis años. (Está parte de la biografía fue enviada entonces a organismos internacionales, en 1973, para la campaña de solidaridad con el 1001).

El 12 de marzo de 1967 el Tribunal de Orden Público decreta su prisión. El auto decía: «Mientras dure el actual estado latente de anormalidad laboral«. El mismo día ingresa en la Cárcel de Carabanchel.

Todos los procesos se hacen bajo la acusación de actividades laboral-sindi­cales derivadas, pertenecer a Comisiones Obreras, manifestación y asociación ilegales. Otro nuevo proceso, el 198/68, esta vez hecho por el propio tribunal que le juzgaba, el de Orden Público, bajo la inculpación de desacato, en reali­dad por no dejarle defenderse y contestar a las preguntas de sus abogados. El Presidente del TOP le señaló que le expulsaba de la sala, y Camacho le contestó, antes de conducirle los guardias a las celdas: «Dada la actitud del TOP, me veré obligado a denunciarle como un tribunal de excepción al servicio de una dictadu­ra que se hunde. Vivan las Comisiones Obreras. Viva la libertad». En el sumario que se le abrió por «desacato», el T.O.P. le condenó a cinco años de prisión.

Condenado por un sumario, cuando cumplía la condena de uno se le retiraba la libertad provisional de otro, hasta que le condenaron por todos. Así permane­ció en la cárcel desde el 12 de marzo de 1967 hasta el 10 de marzo de 1972, para volver nuevamente el 24 de Junio de 1972.

Por presiones oficiales -ver declaraciones en Cambio 16 tituladas «Yo des­pedí a Camacho» del entonces Director General de Personal de Motor Ibérica, Sr. Echevarría, la empresa, que había pagado sus seguros sociales y mantenido en plantilla incluso durante el tiempo de prisión, le da la baja unos meses antes de salir en diciembre del 71, con lo que ha permanecido formando parte del per­sonal de la División Perkins de Motor Ibérica, S.A. durante más de 14 años. La Delegación Provincial del Ministerio de Trabajo pone una multa de 300.000 pese­tas a la empresa, amenazándola con doblarla constantemente hasta que le echaran, cerrando la fábrica si fuera preciso.

Despedido de la empresa, declarado «procedente el despido» por la Magistra­tura 9 y por el Tribunal Central de Trabajo, las razones que se dan es «que no recurrió dentro de plazo» cuando todos sabían que nunca se le notificó el despi­do ni de palabra ni por escrito.

Los trabajadores al salir de la prisión y conocer que no le admitían al trabajo, se declararon en huelga y protestaron como tantas veces habían hecho durante su permanencia en la cárcel.

Negado el seguro de desempleo y de enfermedad por los órganos gubernamenta­les, sindicato vertical oficial, Servicio de Desempleo y Delegación Provincial de Trabajo, a pesar de sufrir trastornos cardiovasculares, negado también el tra­bajo en cuantas empresas visitaba, se estableció un verdadero cerco. Con perma­nente acoso policial, como han podido comprobar cuantos periodistas nacionales y extranjeros que le visitaron a su salida de la cárcel. Sólo tres meses y medio estu­vo en libertad, volviendo a ser detenido el 24 de junio de 1972. Con él fueron detenidos igualmente Saborido, Soto, Sartorius, Acosta, Santisteban, Zamora, Fernández Costilla, Muñiz Zapico y el conocido sacerdote obrero García Salve. Multado por la Dirección General de Seguridad con 250.000 pesetas, el 27 de junio era in­gresado en la Cárcel de Carabanchel. Un día más tarde fue llevado ante el Juzga­do de Orden Público que le procesó junto a los nueve citados compañeros en el sumario 1001/72, todos ellos sin ninguna prueba y partiendo para su acusación de la información policial de una supuesta reunión de Comisiones Obreras.

La agravante está en que si el Sumario 178/66 por asociación ilícita a Comisiones Obreras le pidieron y condenaron a cuatro meses de cárcel, ahora por la misma acusación el fiscal solicita veinte años y un día de prisión en califi­cación del 20 de octubre de 1972, que si los rumores son ciertos, fue decidido en el Consejo de Ministros del 13 del mismo mes.

Estos son algunos datos de su vida, su salud y su lucha. Siempre defendió la justicia social y la libertad, con espíritu abierto de reconciliación nacio­nal, sin resentimiento ni revancha. Nació y creció de una manera natural, de una familia obrera y en la clase obrera. Este militante sindical fue visitado a pro­puesta del Movimiento sindical internacional y de acuerdo con el Consejo de Ad­ministración, en marzo de 1969 por la O.I.T. (Sr. Ruegger) con autorización del Gobierno. Se encontraba entonces en la Prisión de Carabanchel y el informe que elaboró la O.I.T. sobre España decía que en nuestro país se encarcelaba y condenaba «por actividades que en otros países serían consideradas como legítimas ac­tividades sindicales en conformidad con los principios de la O.I.T.» (Apartados 59 y 1151 del Informe Resolución de la O.I.T.)

Secretario General de la Confederación Sindical de CC.OO. (Reunión en Bar­celona, clandestina, con asistencia de 700 delegados julio 1976). Reelegido Secretario General de la C.S. de CC.OO. en el Congreso, después de su legaliza­ción, celebrado en Madrid los días 22, 23, 24 Y 25 de junio de 1978.

Ingresa en el Partido Comunista de España el 2 de Febrero de 1935, en Osma La Rasa (Soria) -donde, como se indica en la primera página, reorganiza la UGT-, y de cuyo lugar se evade a la zona republicana al comienzo de la guerra, después de haber cortado la vía del tren y descarrilado, en unión de varios ferrovia­rios, la máquina nº 531, para impedir que las tropas franquistas avancen hacia Madrid, vía Ariza. Pasado a la zona republicana en Agosto de 1936, se incorpora como voluntario a las fuerzas republicanas.

Miembro del Comité del Partido en la prisión de Comendadoras (Madrid) hasta salir en libertad, pasó después a organizar con otros compañeros el Socorro Rojo Internacional en Madrid, siendo responsable de organización del Provincial de Madrid. Organizaron el Partido en los Batallones Disciplinarios de Penados, n9s. 93 y 94, dependientes de la Inspección de Campos de Concentración y es elegido secretario general, durante el tiempo que permaneció en cada uno de ellos hasta la evasión del 93, a Argelia. Allí fue miembro del Comité del Sector de Gambetta, miembro del Comité Regional de Orán, responsable del trabajo del Partido, PCE en Argelia, para la propaganda en el interior del país.

Detenido y encarcelado en la prisión de Barberousse (Argel) en 1954, pasó en ella varios meses, hasta la subida de Mendes France al Gobierno. Hubo orden de expulsión, por actividades antifranquistas, de Argelia, Marruecos y Francia. Expulsado de Argelia pasó a Marruecos; expulsado también de Marruecos un mes más tarde, volvió a Argelia, donde la orden de expulsión no se llevó a efecto.

Elegido miembro del Comité Central en el VII Congreso y más tarde miembro del Comité Ejecutivo. Después en el 99 Congreso, miembro de la Comisión Perma­nente C.E.

Miembro del Comité del Partido en distintas ocasiones y en diferentes pri­siones por las que ha pasado: Soria, Segovia, Madrid (Carabanchel), realizando ocho huelgas de hambre en este período.

Detenido decenas de veces después del regreso a España, por cuestiones sindicales, pasó entre las prisiones y los Campos de Concentración de dentro y de fuera, cerca de catorce años.

Condenado la última vez por el TOP (juzgado en el Sumario 1001 -el día que mataron a Carrero-el 20, 21 y 22 de Diciembre de 1973) a veinte años de prisión, re­visada la sentencia, bajo la presión mundial, por el Tribunal Supremo en febrero de 1975, fue rebajada la condena a seis años.

Salió en libertad con el indulto del Rey; fue detenido 5 días más tarde, estando otros tantos detenido. Vuelto a detener el 29 de Marzo de 1976 al pre­sentar Coordinación Democrática, y procesado por «Intento de cambiar la forma de gobierno», salió en libertad provisional el 25 de Mayo de 1976. Después sólo fue detenido una hora por la Guardia Civil de Getafe, al reunirse con los traba­jadores de Construcciones Aeronáuticas.

En aplicación de la amnistía laboral, solicitó su reingreso en Motor Ibéri­ca, siéndole denegado, por lo que recurrió ante la Magistratura de Trabajo, correspondiéndole la nº 10, que falló a favor de la readmisión con fecha 21 de febrero de 1978. La empresa volvió a recurrir y Magistratura de Trabajo rechazó el recurso.

Según acuerdo al que llegaron Motor Ibérica y Marcelino Camacho, con fe­cha 19 de junio de 1979, pasó a formar parte de la plantilla de Motor Ibérica, en situación de excedencia por ocupación de cargo público en su condición de Diputado al Parlamento.

Pertenece al Comité Central del PCE, formando parte de su Comité Ejecutivo hasta el 12.6.82 en que presentó su dimisión como miembro de dicho Comité.

Fue elegido diputado al Parlamento por la provincia de Madrid, en la can­didatura del PCE, en las elecciones generales del 15 de junio de 1978, y reele­gido en las del 1 de marzo de 1979. Con fecha 10 de febrero de 1981 presentó su dimisión como parlamentario, para dedicarse plenamente a sus responsabilidades como Secretario General de CC.OO.

Es Secretario General de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, confirmado como tal en el primer Congreso celebrado en junio de 1978, y vuelto a elegir en el 2º Congreso de esta Confederación Sindical celebrado en Barcelona los días 18 a 21 de junio de 1981.

Reelegido nuevamente Secretario General de la C.S. de CC.OO. en el Tercer Con­greso celebrado el 24 de Junio de 1984.

Reelegido miembro del Comité Central del PCE en Diciembre de 1983, y nueva­mente elegido miembro del C. Ejecutivo del PCE.

Gran Cruz del Mérito Civil, concedida por el Jefe del Estado el 25 de Junio de 1983. Orden de Lázaro Peña de primera clase, concedida por el Consejo de Estado de la República de Cuba el 6 de Julio de 1984. En el IV Congreso de la C.S. de CC.OO. celebrado los días 18 a 21 de Noviembre de 1987 en Madrid, presentó su dimisión como Se­cretario General, siendo elegido Presidente del mismo.

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Marcelino Camacho continuó como Presidente hasta el VI Congreso celebrado el 19 de enero de 1996, en el que tras grandes divisiones internas no fue elegido, quedando vacante la presidencia.

Marcelino se mantuvo como afiliado normal, sin competencia alguna en la estructura del sindicato.

Continuó su activiudad sindical y política participando en numerosos actos y manifestaciones por todo el país. Perteneció a la corriente sindical que se denominó Sector Crítico que obtuvo una minoritaria representacion en los organos confederales.

Con el tiempo la dirección de la Confederacion recuperó las relaciones con Marcelino Camacho y le dio diversos homenajes antes de su fallecimiento el 29 de octubre de 2010. La despedida definitiva de Marcelino se hizo en los locales del sindicato en Madrid, en salón de actos que hoy lleva su nombre.

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