Hay muchos hechos que la memoria traerá después de 50 años. Los años con cero a la espalda nos dan la ocasión de recuperar el olvido y en este caso bienvenido sea si sirve para los que no vivieron aquel año 1975 y además se lo ocultaron desde diferentes intereses.
Pero uno de ellos, quizás el más emotivo, fue la salida de los presos a la calle. Fue un indulto y después un «juez» el que uno a uno dio la libertad a aquellos primeros presos, la mayoría de Comisiones Obreras y el PCE. Muchos tuvieron que esperar a la ley de Amnistía.
En las cárceles el final de la dictadura fue especialmente duro. En esos meses de la agonía del dictador y del temor de los franquistas a que se les exigieran responsabilidades si la democracia triunfaba, los fascistas el alto rango y tambien los de poca monta se cebaron con muchos presos. Así sucedió en la cárcel de Carabanchel y muchas otras. Los presos y con ellos Marcelino Camacho, hizo en ese año dos huelgas de hambre (hizo hasta ocho), una contra los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 y todas con su periodo de 20 días de celdas de castigo.
En aquellos meses, el director de la cárcel de Carabanchel, Antonio Rodríguez Alonso, recortó todos los derechos a los presos políticos y una buena parte los metió en celdas de castigo. A ellos nadie les pidió después responsabilidades de su personal represión y hubiera sido obligado por la crueldad innecesaria con los más débiles (característica de los fascistas). Pero su responsabilidad queda aquí, cuando la memoria saca a la luz también sus nombres.
Podéis leer este documento realizado por los presos en el que informaban a las familias de la difícil situación. En alguna carta Marcelino relataba el peligro real de esos incontrolados funcionarios fascistas.
Recordemos pues aquel 1975.