Marcelino Camacho estuvo en varios periodos en la cárcel de Segovia, el primero fue el 15 julio de 1969, despues el viernes 13 de marzo de 1970.
«De mis impresiones sobre la cárcel, las primeras son francamente negativas. Como prisión es peor que Carabanchel, más vieja. Estoy en período, en una celda en la que hace un frío extremo y en la que enfermaría de continuar más días. ¿Os acordáis de Château d’If en Marsella que visitamos cuando fuimos a ver a Jean? (Castillo de If está situado en la Isla de IF, donde estuvo recluido el gran escritor francés Alejandro Dumas: Jean es mi cuñado, hermano de Josefina, que vive en Marsella). La Prisión de Segovia no está cavada en la roca, cierto, pero el espíritu que animó a los constructores es el mismo, aunque aquí varios siglos más tarde: muros de un metro, bóveda de cielo raso, una ventana de unos 50 x 20 el cristal, del piso no hablemos, del servicio, dejémoslo, etc.,etc. El sol no entra jamás». Carta desde Segovia.
En Segovia había unos cien presos políticos divididos en tres galerías. Separaban a los que consideraban los dirigentes de otros que lo eran menos. Era un penal catalogado como duro en el que se combatía las ideas con la represión y el aislamiento, algo que siempre pretendieron con los presos políticos. Ello condujo a largas luchas y a la reivindicación del Estatuto del Preso Político aunque la dictadura negaba su existencia.
Tras la llegada de Marcelino, la unificacion de los presos políticos fue la primera batalla que ganaron no sin antes realizar luchas e incluso huelgas de hambre. El director era un verdadero fascista.
Marcelino regresó de nuevo a Carabanchel porque su traslado habáa sido ilegal segun la resolución del Tribunal Supremo en el que presentó recurso. Los presos mientras tuvieran causa prendiete de juicio debian permanece a la espera en la Prision de Carabanchel, en el ambito de su juzgado.
A la prisión de Segovia fueron trasladados los compañeros que en Soria hicieron la huelga de hambre en la Navidad de 1968, semanas después que a mí me llevaran de nuevo a la cárcel de Carabanchel. Uno de ellos, Capote, que participó en la huelga de hambre en Soria, cuando le trasladaron a Segovia, no le dieron la alimentación metódica que después de una larga abstención de comida empieza por caldos, leche y avanza con purés. Le dieron directamente lentejas, y debido a que tenía una úlcera de estómago, empezó a sangrarle; tardaron en llevarle al hospital de Segovia y allí murió. Denunciamos el hecho y pedimos responsabilidades, pero la respuesta fue siempre la misma, «no procede».
A los nuevos reclusos de Segovia procedentes de Soria, no tardaron en separarles y aislarles en tres galerías; hicieron una selección no por años de condena sino por el grado de firmeza en sus ideas y también por su preparación política. Así crearon tres divisiones para los que habían estado juntos en Soria que llevaron Segovia. De eso se encargaron el Director, Sr Elena, y uno de los Jefes de Servicios, ambos ultrafascistas. En marzo, cuando llegué desde Carabanchel, me encontré con un cierto malestar entre algunos camaradas que se negaban a aceptar pasivamente esta situación. Por supuesto, aunque me faltaba poco más de un año para cumplir si me aplicaban la redención, y la mía era ya una de las condenas más bajas, me pasaron a la primera galería, donde tenían a los más responsables políticamente y a los que «más» vigilaban.
La comida no solo era de mala calidad, si no que se sabía que desaparecia parte de la asignación. Marcelino hizo un seguimiento del menú y del coste de mercado, que fue anotando en sus cuadernos. Con ello denunciaron a la dirección.

En aquella galería de «peligrosos» estaba Jesús Redondo Abuín, los hermanos Jose Luis Gallardo y Tony Gallardo, el conocido escultor, José Sandoval, Victor Díez Cardiel, y aprovechando las visitas de los abogados lograron coordinarse en sus acciones.
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