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ALIADOS POSIBLES Y ALIADOS NECESARIOS

ALIADOS POSIBLES Y ALIADOS NECESARIOS

Marcelino Camacho

Diario SUR de Málaga 13 de febrero 1983

Si unos meses antes se hablaba de cambio posible y cambio necesario, ya con el Gobierno de Felipe González habla de aliados posibles y aliados necesarios. La razón la expresa tras el análisis de los aliados necesarios para cambiar la sociedad. Como primer punto no hay cambio real con solo la acción parlamentaria, es necesario además la movilizacion social. Se dibuja un PSOE que no profundiza en los cambios ya que afectan decisivamente a los intereses del capital. Los poderes fácticos se oponen con todos sus medios. Así los trabajadores se desalientan y abandonan a las fuerzas de la izquierda ya que prometen pero no cumplen. La historia indica que sin la lucha del movimiento obrero y sus aliados los cambios no se producirán de la mano solo de mayorías escasas y diversas. Con este artículo podemos ver los peligros de ayer y reflexionar sobre los peligros que hoy nos amenazan.

El Gobierno del P.S.O.E., tanto en su programa electoral como en el de Gobierno, se planteó el empleo como objetivo prioritario.

Para ello “se hace necesario, por tanto, una política expansiva desarrollada dentro de un plan general de crecimiento a medio plazo que lleve a cabo la indispensable modernización de la economía”. “La inversión pública actuará como motor de la economía”. ”En el presupuesto de cada año se preverá un fondo de acción coyuntural para la creación de puestos de trabajo, cuya aplicación será objeto de negociación con los interlocutores sociales.”

Aunque a CC.OO. nos pareciera insuficiente el programa del P.S.O.E., para hacer frente al paro y a la crisis, estábamos y estamos dispuestos a apoyar cada paso hacia delante, siempre, por supuesto, desde nuestra autonomía como clase y desde nuestra independencia como sindicato. Desde este angulo y de una manera constructiva, criticaremos lo que consideremos negativo.

POLÍTICA DE FINES Y POLÍTICA DE MEDIOS

Creo que todos los españoles coincidimos en que junto con el poder político gubernamental, parte importante del poder real, actúa eso que hemos dado en llamar lo esencial del poder fáctico. –el aparato del estado, la gran Banca, la Iglesia- que se resistirá a toda modernización, racionalización y democratización.

Igualmente estamos de acuerdo  que en esos centros de poder que se oponen al cambio no hay alternancia.

En los pocos más de dos meses de gobierno del P.S.O.E. hemos tenido no pocos ejemplos de esas resistencias. Las  última, centradas en sectores bancarios con los salarios o en los obispos con el aborto.

Para llevar adelante ese cambio, esa modernización no basta la mayoría parlamentaria, es necesaria una mayoría social que comprenda todas las fuerzas populares como base de unas cooperaciones más amplías. Es decir, el aliado básico más próximo, más seguro, el aliado necesario de un Gobierno de cambio debería ser los trabajadores. Después, solamente después, podría extenderse esta alianza a fuerzas dinámicas de la gran burguesía que entran en contradicción con los nuevos feudos de las finanzas y de las multinacionales.

De no hacerlo así, se empezará por hacer una serie de concesiones que frenarán el cambio y abrirán la vía a la desilusión, el desencanto de los trabajadores, a la desmoralización del fundamental aliado. Ante los trabajadores y el país, la izquierda aparecería como una fuerza auxiliar del círculo de empresarios, de su política económica social de más paro, más impuestos indirectos recaudatorios, bien relacionados con la gran Banca y cúpula de la CEOE, de la que forman parte alguno de sus miembros.

El sector público, la industria del estado, deberían pasar a ser los elementos motrices de un desarrollo racional y nacional de la lucha contra el paro y la crisis.

Debería crear un órgano que concentrara esos recursos, que los orientara y dirigiera hacia esa reindustrialización, con tecnologías punta, con un desarrollo de la investigación nacional y con una utilización plena de todos los recursos locales agrícolas e industriales públicos y privados, con una reducción sistemática de la jornada de trabajo.

De ser auxiliar del sector privado, hospital de empresas, socializador de perdidas, cementerio de elefantes de la dictadura, el sector público debe pasar a ser fuerza motriz y nacional, fuerza de racionalidad y de democratización participativa de los trabajadores.

Solamente así sin inversión pública actuará como motor de la economía según indica el programa electoral del PSOE.

Los nombramientos que el nuevo gobierno ha hecho no parece que van en ese sentido sino al contrario.

Todo parece indicar que existe un compromiso con el círculo de empresarios, al que se ha entregado la dirección y control de los sectores fundamentales nacionalizados vitales, INI, etc.

La última prueba es la Dirección General de Política Industrial de la Compañía Telefónica, que ahora tendría por titular al presidente de ANIEL, patronal privada de la electrónica. Los hombres e intereses del ayer, ligados al gran capital, difícilmente serán los hombres e intereses del cambio.

Nadie puede esperar que con esta política en el sector público, que con estas concesiones, se avance hacia el cambio.

Para hacer del sector público una fuerza racional, nacional y democrática, se precisan otros hombres y otra política económica que son diferentes a la iniciada.

Incluso acuerdos  limitados con ciertos sectores financieros del gran capital exigen consolidar previamente las alianzas necesarias con los trabajadores y sus sindicatos de clase mayoritarios.

Un plan de solidaridad de clase y nacional, la consolidación y desarrollo de la democracia extendiéndola al interior de los centros de trabajo es imprescindible para acabar con el paro y la crisis; pero eso exige un orden prioridades en alianzas posibles y necesarias.

Los trabajadores de bata blanca o mono azul, somos la única fuerza partidaria, consecuente hasta el final, del cambio real.

Marcelino Camacho

Secretario General de CC.OO.

Diario SUR de Málaga 13 de febrero de 1983

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