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Periodismo: equidistancia o compromiso

Es evidente que los Consejos de Informativos de TVE están dominados por «un periodismo contemplativo» desde hace tiempo. Las escasas reacciones han tenido ciclos de acomodo histórico a los vaivenes de la empresa segun la mayoria obtenida por candidaturas partidarias o contrarias a las direcciones de turno. De tiempo en tiempo se asoman con comunicados que son oídos pero no escuchados, porque su capacidad de presión real es muy escasa por no decir nula, lo que se refleja en la participación en las encuestas internas.

Los gobiernos de turno han dejado en ellos una huella profunda que se refleja en las corrientes ideológicas de las redacciones. Eso si todos, todos, son independientes y neutrales, pero no es del todo cierto. Urdaci se decía independiente pero fue condenado por manipulación informativa. Hoy, la falta de compromiso contra el bulo es una toma de posición ideológica como cualquier otra, por citar algunos de los problemas vividos.

Porque todo problema que no se afronta, empeora: se ha pasado del «periodismo equidistante» a un periodismo que se limita a ser «periodismo de IA» en el mejor de los casos. Los cambios que se han producido en los programas informativos (los telediarios es otra cosa) se alejan de ese criterio y hacen un periodismo comprometido, complicado e incomodo.

Ahí está el choque que es realmente ideológico, como en el conjunto social. La clave de los comportamientos también hay que buscarla en los métodos de trabajo. La información hoy está determinada y casi dictada por políticas informativas ajenas a las redacciones. Nos dan los cortes de audio-video precisos, ruedas sin preguntas, notas de “X” abren informativos… el periodista no busca información, le abruman con información sesgada.

Actuar fuera de esos marcos con periodismo alternativo de investigación es muy difícil, no está bien visto, no genera audiencias y además es más caro. “Los periodistas expertos –dicen- aburren”. Las políticas informativas del día a día forman parte del diseño industrial de la política: el PP y sus medios, VOX y sus «recursos provocadores», el PSOE y sus medios, el Gobierno y ministerios, y luego a mucha distancia, partidos minoritarios, sindicatos y movimientos…

La caldera informativa la dominan muy pocos. Hay una estrategia elaborada minuciosamente e «industrialmente» mediante IA que dirige no solo procesos amplios sino las pautas cotidianas. Los redactores de los informativos son arrastrados en esa dinámica y tienen muy pocas o ninguna posibilidad de salirse de esos patrones. En su tiempo lo llamábamos «información de carril» en un símil que asemeja al tren que viene de Zaragoza a Madrid, y no puede decidir irse a Valencia, cuando pase por Calatayud. El carril le viene dado y es imposible desviarse.

Así es hoy la información. Los medios financiados por la derecha y el trumpismo ponen cada día los carriles y los demás hacen otro tanto si pueden. Los «informadores» de las redacciones de RTVE son solo parte del proceso. En su día los programas de entretenimiento integraron la información como un divertimento más y de hecho no forman parte de las redacciones de informativos. Solo buscaban la audiencia que les mantuviera en la parrilla.

A eso hay que añadir que los informadores de RTVE son el resultado de diferentes capas de cebolla colocados por los diferentes periodos de dependencia de los gobiernos de turno de un signo y de otro –herencias del bipartidismo-. No hay ninguna posibilidad de cambiar esa herencia profesional, porque es cambiar el origen de cada uno de ellos. Una capa de esas estará muy feliz cuando caiga el gobierno actual. La otra participará en otros viernes y cambiara su voto dependiendo de cómo le vaya en el siguiente cambio político. Toda una perversidad que divide la redacción. El servicio público y de calidad se difumina.

La dirección actual ante este panorama que padecimos con los anteriores presidentes de RTVE de este Gobierno que nada modificaron de los criterios de las redacciones de los presidentes del PP (recordar aquella intolerable equidistancia de periodismo frio y muerto) ha optado por un atajo, que ya conocimos en otras etapas pero de signo contrario. La dirección actual se dijo: “El periodismo interno que no cuadra con mi criterio lo dejo a un lado y promociono un periodismo alternativo”. Sin entrar a valorar mucho lo que introducen en la programación no solo de TVE sino también de RNE, creo que acierta en algunas cosas y en otras no. “La hora de TVE” es bastante bueno y gana espacio y audiencia frente a lo que los «capa cebolla» no supieron o no quisieron hacer. El riesgo de los tertulianos de parte hay que conducirlo de cerca porque el objetivo del periodista es llegar a la información veraz dentro de una maraña de medias verdades y bulos. “Los Mañaneros” da una información que aún utilizando formas más sensacionalistas se queda casi en el límite tolerable, pero estructura y difunde la documentación imprescindible (cosa que los “cebolla” tampoco hacían) y “Malas Lenguas”, que progresa y se extiende de la Dos a la Uno (aquí con mas «sangre» que otra cosa) y a la Dos los sábados (básicamente se repite la dos de la tarde diaria), tiene aspectos de proximidad que otros no manejan, sobrepasa los límites tradicionales de los informativos y actúa con mayor o menor éxito en un frente nuevo del periodismo, que es la lucha contra la mentira y el bulo organizado industrialmente. Aunque las píldoras de humor desengrasan, ese combate cuerpo a cuerpo resulta agotador y ahí está su riesgo.

Por lo tanto la situación no se puede juzgar mediante encuestas fáciles con parámetros ajenos a lo que vivimos ahora en el conjunto del periodismo. En mi opinión no se puede ser neutral ante la ofensiva de la IA trumpista en controlar la información y los medios. Los profesionales de los informativos de RTVE debían reflexionar sobre esta cuestión. Sobre todo si pretenden sobrevivir a medio plazo.

En algunas charlas para jóvenes planteo el símil del médico que está obligado a sanar a sus pacientes dando un tratamiento adecuado y procurándose el conocimiento necesario para no llevar a la muerte a sus enfermos. Los periodistas estamos obligados a dar información veraz que no lleve a la muerte intelectual a los receptores de nuestros mensajes. Si no luchamos por la verdad asesinamos a los ciudadanos tanto o más que los sanitarios. Los periodistas de “carril equidistante” serán complices de esos que mediante el bulo y la mentira destruyen el sistema democrático sin el cual los periodistas desapareceremos y más hoy con esa “Inteligencia” que no es “Artificial” sino industrial al servicio de los intereses económicos de los grandes grupos mediáticos de los que dependen los grupos políticos si quieren ganar elecciones.

Ojo, no olvidar que con las tecnologías actuales los periodistas ya no somos necesarios, sobramos y los medios se pueden hacer sin nosotros.  Esta pregunta también habría que ponerla en las encuestas de redacción. La crítica al de enfrente siempre es necesaria pero hay que poner por delante la nuestra propia si queremos tocar fondo.

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