Serviles con los poderosos, Matones con los débiles. Este comportamiento no es nuevo y recorre la historia de la humanidad. La Dignidad se manifestó en los débiles cuando finalmente se volvieron Insumisos.
Calificativos como “serviles”, “poderosos”, “matones”, “débiles”, “insumisos” nos acompañan como fantasmas a lo largo de la vida.
Dignidad y Solidaridad no son propias de los poderosos, porque el poder exige perder la noción inmediata del pequeño daño por un bien de mayorías que nunca se puede tocar.
Así se construye un mundo basado en la desigualdad, una sociedad cuyos pilares son ricos y pobres. Un mundo que por insolidario llega a su autodestrucción.
Porque la humanidad como otras muchas formas de vida, si no todas, se desarrollan en base a alcanzar una conciencia inteligente que protege a su comunidad en base al criterio de supervivencia. La inteligencia, no solo la humana, se identifica cuando protege a sus seres más débiles. A sus crías las cuida por supervivencia de la propia especie, a sus mayores es ya por pura inteligencia, es por Solidaridad.
Los poderosos tienen una particularidad común que es la propiedad. El siguiente paso que dieron fue proteger su propiedad y para ello nacieron los ejércitos, los de cabalgadura y espada. Hoy lo llamaríamos servicios de seguridad, cuerpos de elite… Cuando se organiza el poder crea formas de estado, primero hereditarios, por orden de un dios… Así aparecieron profetas, santos, eso si después de las divinidades griegas, mucho más diversas y crueles.

Los fundamentos más profundos no han cambiado mucho. Podemos cambiar nombres y a los emperadores romanos ponerles apellidos actuales.
Para alcanzar ese poder los emperadores de hoy han utilizado métodos similares a los festejos que en Roma se daba a la plebe durante semanas. Recordemos como acabaron con la fauna del norte de África para sus festejos circenses. No es la primera vez que se acaba con la naturaleza por gusto de emperadores. En los festejos de hoy el circo es mediático, está en las redes y en la manipulación organizada tecnológicamente, que es la Inteligencia Artificial.
Cuando el entrenimiento no bastó, sumaron las guerras que acabaron con millones de seres humanos para asegurar el poder de los “emperadores”.
¿Está más loco Trump que Calígula? No, su descripción humana no se diferencia.
El mundo se desarrolla técnicamente, pero ese avance está en manos de los poderosos que con él aseguran su dominación. La tecnología que usamos no es la mejor científicamente si no la que más poder y beneficio da a los poderosos. Así los poderosos retardan el desarrollo humano. Se comprende fácilmente cuando todos sabemos que la humanidad hoy no debería pasar hambre si el desarrollo fuera un poco más solidario.
La humanidad ha avanzado desde la barbarie hasta otra barbarie controlada en menos manos. Pero el siguiente paso exige un salto mayor. Los poderosos, los emperadores, pierden su espacio a cada progreso de la humanidad y del conocimiento científico. Cuando la ciencia avanza, los poderosos se apresuran a controlar los nuevos espacios o a destruirlos si se les rebelan.
Eso explica cómo se defiende la anticiencia, el negacionismo. El cambio climático conlleva acabar con el petróleo, y así las compañías petroleras y países productores anteponen sus privilegios incluso a costa de la supervivencia de la humanidad.
Por esta causa la tradicional derecha deriva hacia la ultraderecha fascista. En los ciclos históricos actuales el retroceso democrático aparece cuando los poderosos ven como el progreso social amenaza a sus enormes beneficios. A Trump no le preocupa la democracia si no los beneficios del petróleo, que es el poder que le sostiene.
El Rajoy, el Feijóo, sumiso trumpista, representa a la desigualdad, a los poderosos que deben mantener sus privilegios. Representa los intereses de los más ricos y para ello debe frenar los intereses de los más pobres. No puede hablar de objetivos sociales que reducirían los beneficios de los suyos, solo queda ir a nuevos recortes y austericidios, es decir, empobrecer a la mayoría para sostener el buen vivir de esa minoría poderosa. Los emperadores del capìtalismo actual saben que la economía social se encuentra en los sistemas de pensiones, la sanidad y la enseñanza públicas y hay que llevarlas al ámbito privado para poder obtener el beneficio de los poderosos. Si el gasto social avanza ellos pierden poder. Estamos tocando fondo y por eso es una lucha a muerte, sin piedad. Se huele en el ambiente los aires del fascismo y dictadura que permitan los retrocesos sociales.
Hacer sencillo este análisis superestructural y mediático es fundamental, para que todos comprendan que el TRUMP de Washington, con sus múltiples lacayos, son el Calígula de Roma y al tiempo el Hitler de Berlín… La lista puede ampliarse al gusto. Marx y Engels no están tan lejos, se empeñan en aparecer en cada rincón