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Las Doce Españas

Españolito que vienes al mundo una de las «doce» Españas ha de helarte el corazón

La crisis de la derecha se prolonga más y más. A los españoles nunca nos dejaron disfrutar por mucho tiempo de un estado social. Monarquías y aristocracias apoyándose en el nacional-catolicismo acabaron con el republicanismo. El instrumento siempre fue el golpismo militar.

archivo PCE

En su día la iglesia fue el principal comunicador. La radio y la tele de hace más de un siglo fueron los púlpitos. El rosario por la tarde para mujeres, la misa del domingo los hombres no podían faltar. Las oscuras procesiones fueron su manifestación anual. Redes y medios son ahora el campo de batalla lleno de cadáveres.

Siempre los poderosos (terratenientes, banqueros, empresarios) disputan el primer puesto. La derecha representa sus intereses. Eso no ha cambiado. Los banqueros de reyes ponían el dinero y mandaron en la sombra. Porque mandar en la sombra asegura sobrevivir a los cambios. La derechita cobarde no es el PP si no los grandes banqueros, propietarios de las grandes compañías. Y desde siempre, no dan la cara y nadie se atreve con ellos. Tampoco eso ha cambiado.

La Segunda República fue ocupada por la derecha hasta que la unidad de las izquierdas logró crear el Frente Popular frente al auge del fascismo (como hoy). La socialdemocracia internamente siempre ha oscilado entre sus liberales y sus marxistas, con periodos dominados por unos u otros.

El socialismo en Europa anda tocado del ala por no haber abandonado el liberalismo económico y alejarse de los trabajadores, es decir, dejar caer el estado de bienestar cediendo a la voracidad del capitalismo globalizado.

En España, el PSOE optó en esta ocasión por aliados a su izquierda. Tienen bien asumido que primero es el gobierno y después actuar en “lo posible”. En su tesis, hoy reducir el poder de las grandes compañías es un imposible, también de la Iglesia o del ejercito… Esa política nos ha traído hasta hoy. Es decir, policía patriótica, Conferencia Episcopal ultra-conservadora, justicia (jueces y funcionarios) conservadores, lobys empresariales corruptos, políticos corruptos… En conclusión una transición a medias, una democracia debilitada y frente a ella el fascismo con caras renovadas y en ascenso.

Si optáramos por la toma del Palacio de Invierno, es decir un putsch (golpe de estado) de izquierdas, no preocuparía que el gobierno progresista fracasara. Pero la democracia es hoy el único instrumento para mejorar la vida de los trabajadores sin perder las libertades.

La izquierda podría colocarse en el monte, empujados por la situación de debilidad, y desde allí dar las lecciones a los fieles, defecto profesional de maestros y doctorados, ya viejo como el sermón de la montaña y nada eficaz mediaticamente, cuando hoy se premia la ignorancia y se castiga el conocimiento. Esa fue la imagen de Podemos al salir de la bancada de Sumar y subir a los escaños del grupo mixto (en otra época conocido entre periodistas parlamentarios como gallinero). Esa situación podría haberse justificado para un periodo corto, pero el desgaste aumenta al colocar peligrosamente sus votos en el mismo saco de PP, VOX, JUNS y BNG, no una sino varias veces. Sus votantes se revuelven en su propio traje y cuestiona su crecimiento. Su aislamiento se acentúa. Además las razones justas de su argumentario se van por la misma vía. Con eso pierde la izquierda y gana no el PP, ni Juns ni BNG, sino VOX. En el Pinball de la política le dió demasiado al flipper y la bola no cae donde se pretende al darle con demasiada fuerza. Esa táctica es tan vieja y tan desgastada que no es creíble entre el común de las ciudadanas. Asombra no conocer mejor la España real, la que circula todos los días por la calle. Por eso luego quedamos asombrados de como vota la gente. Tampoco se aprende de la historia y por tanto la repetimos. Cuando baja la influencia de los partidos, entonces viene un ultraizquierdismo salvador. Increíble porque luego hablamos de memoria histórica y de eso de que los pueblos que la ignoran repiten los errores del pasado. Y sabemos que el olvido es una vieja táctica de las derechas.

El político juega siempre entre “lo posible y lo necesario”. Lo grave no es quedarse hoy con solo lo posible sino renunciar para siempre a lo necesario. Dicho de otro modo Podemos debería apreciar lo posible de hoy con los aliados posibles, con las fuerzas que se pueden sumar en los objetivos con posibilidad de victoria y presionar por lo necesario. A continuación deberían continuar la lucha por lo necesario, es decir no detenerse en lo posible. Esa es la lucha política en un sistema democrático.

Los Doce Linajes es algo conocido por la tierras castellanas, hay un buen vino así llamado en San Esteban de Gormaz. Con Sancho IV se constituyeron aquellos privilegios de los Caballeros Hijosdalgo para la ciudad de Soria. Hoy parece que los caballeros en la política de izquierda cabalgan en el quehacer del día a día impuesto por la combustión mediática, lejos queda la gente. Peligro, peligro porque cuanto más se alejan más difícil es el retorno. El fantasma sigue siendo el mismo poderoso caballero “don dinero” de nuestro, pies en tierra, Francisco de Quevedo. Ese caballero no está en los púlpitos sino en los cajeros y ahora ya en el Bizum. Hablamos más con las máquinas que con las personas.

Los doce linajes del IBEX y la clase empresarial son seres silenciosos que el estado del bienestar les resulta incomodo porque tienen que pagar más impuestos; que si la jornada laboral se reduce se reducen también sus pingües beneficios; que se identifican con Trump y comprenden a VOX; que el PP no les resuelve ya la papeleta… los doce se repiensan y recolocan sus apoyos. El dinero no se siente seguro y busca el giro a la derecha, en fin, sueñan con una especie de putsch mediático-político que no lo conduzca Tejero. Pero ya se sabe que desatados los demonios nadie los devuelve al fuego eterno.

En la corrupción de algunos políticos que acompañan a algunos partidos, la otra parte es la clase empresarial que no asoma ni se procesa. Es que llevar a los tribunales a “Don Dinero” es muy difícil, preguntarle a Francisco de Quevedo.

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